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Sistema inmunológico: ¿Qué es? Anatomía, función, fisiología, partes y mucho más

Definitivamente, la mejor defensa que tiene el cuerpo humano contra microorganismos patógenos, que quebrantan su buen funcionamiento, se encuentra dentro del propio organismo. Se trata del sistema Inmunológico que se encarga de destruir a todo invasor que pretenda perturbar la eficiencia de los procesos fisiológicos que se dan dentro de nuestro cuerpo, pretendiendo enfermarlo. En este artículo te presentamos sus características y las formas de mantenerlo sano y fortalecerlo.

Qué es el sistema Inmunológico

Se trata de la defensa natural del organismo contra las infecciones. El sistema Inmunológico se ocupa de reconocer, paralizar o contraatacar partículas raras que logran meterse en nuestro cuerpo. Mediante una secuencia de pasos, el cuerpo lucha y elimina microrganismos infecciosos usurpadores antes de que ocasionen perjuicio. Sí su sistema inmunológico funciona correctamente, le resguarda de infecciones que le producen enfermedad.

El sistema inmunológico conserva los microorganismos infecciosos, como hongos, virus y bacterias, al exterior del cuerpo. Igualmente, elimina todo microbio infeccioso que consigue introducirse en el cuerpo. El sistema inmunológico se encuentra conformado por una sistema complejo y vital de células y órganos que resguardan al organismo de infección.

Los órganos del sistema Inmunológico se llaman linfoides. Inciden en el desarrollo, el crecimiento y la liberación de linfocitos (tipo de glóbulo blanco). Los vasos sanguíneos y linfáticos son elementos de vital importancia en los órganos linfoides, por cuanto trasladan linfocitos desde y hacia diferentes partes del cuerpo. Cada órgano linfoide ejerce una función en la generación y dinámica de los linfocitos.

Características

El agua, el aire, los objetos y otros elementos del entorno, con frecuencia, se encuentran colmados por cantidades exorbitantes de microorganismos, y muchos de ellos se manifiestan nocivos si hacen contacto con el organismo. Sin embargo, afortunadamente, los seres humanos y animales tienen un depurado sistema conformado por tejidos, células, órganos y sustancias, cuya labor es determinar, paralizar o atacar partículas extrañas antes de que se produzca un deterioro, como una enfermedad.

Bacterias, hongos, virus y parásitos pueden debilitar la salud y acarrear la muerte si se introducen al cuerpo y se apropian de algunas zonas. Aunque todos los tejidos del cuerpo de seres humanos como de animales están dotados con células de defensa general o específicas. Otros tejidos comprenden en sí mismos una defensa, y no existe mejor muestra de ello que la piel, que impide el ingreso directo de microorganismos a lo interno del cuerpo.

El organismo humano logra desarrollar sistemas de defensa específicos e inespecíficos. Éstos se refieren a una característica innata y natural, o sea, está presente en la persona desde que nace: a través del lagrimeo, la sudoración, la tos, el estornudo y hasta la saliva se excretan elementos extraños de manera casi inmediata. La leche materna ejecuta un papel fundamental en el desarrollo y reforzamiento del sistema inmunológico de los bebés, por cuanto mediante ella la madre les aporta los primeros anticuerpos que requieren, ya que vienen al mundo con un sistema inmunológico inmaduro.

De otra parte, los procedimientos de defensa específicos se vinculan a todos aquellos basados en la “memoria” de los linfocitos; células producidas en la médula ósea que se ocupan de manifestarse ante particulas raras. Los linfocitos T y los linfocitos B son los encargados de eliminar o fogocitar cualquier microorganismo raro. El término “fagocitosis” refiere a la acción de introducirse en el microorganismo para eliminarlo, como una forma de consumo.

Pero cómo funciona este mecanismo: una persona a lo largo de su vida, entrar en contacto con infinidades de microorganismos, de forma frecuente, lo que es totalmente normal. En determinados casos éstos consiguen atravesar la barrera de los sistemas de defensa inespecíficos, por lo que los específicos tienen que proceder. Si la persona o animal que sana o evita la afección/infección entra en contacto nuevamente con el mismo elemento peligroso de hace tiempo; los linfocitos T los fagocitan o los eliminan, y los linfocitos B generan anticuerpos para anular a los “enemigos”, después de ser identificados.

Anatomía del sistema Inmunológico

  • Este sistema se constituye de órganos linfoides, los cuales desarrollan una labor en la generación y la dinámica de los linfocitos. Los órganos linfoides comprenden los siguientes:Adenoides. Dos glándulas localizadas en la zona posterior del conducto nasal.

Médula ósea. El tejido blando y esponjoso que se halla en las cavidades óseas.

Ganglios linfáticos. Dimunutos órganos con figura de frijol que se localizan por todo el organismo y se empalman mediante los vasos linfáticos.

Vasos linfáticos. Entramado de canales por todo el organismo, que trasladan linfocitos a los órganos linfoides y al fluido sanguíneo.

Placas de Peyer. Tejido linfático en el intestino delgado.

Bazo. Órgano con las dimensiones de un puño, localizado en la cavidad abdominal.

Timo. Dos lóbulos que se acoplan por delante de la tráquea, atrás del esternón.

Amígdalas. Son dos masas en forma de óvalos, ubicados en la zona posterior de la garganta.

El sistema inmunitario se constituye, semejante a otros órganos de la fisiología, de células especializadas bien diferenciadas, para ejercer su rol en la defensa del huésped; incluidas estas últimas estructuras anatómicas organizadas que son los órganos del sistema inmunitario. Dentro de las células se encuentran:

Granulocitos: la clase granulocito/monocitos dan paso a los pioneros que maduran en la médula ósea y son librados a la sangre. Comprenden cerca del 65% de todos los leucocitos, y su nombre proviene de la proporción de gránulos existentes en su citoplasma. De acuerdo a la coloración de éstos al someterlos a un teñido convencional, se pueden subclasificar en: basófilos (suponen el 0,5 – 1% y sus gránulos se pintan de color azul intenso), eosinófilos (3-5% con gránulos rojos) y neutrófilos blancos (90-95% con gránulos casi semi teñidos).

Los granulocitos transitan en la sangre y se deaplazan a los tejidos a lo largo de la respuesta inflamatoria; como excepción el mastocito (célula de características comunes con el basófilo, pero de origen diferente) que se mantiene fijo en los tejidos.

Monocitos: comprenden un 5-10% de los leucocitos circulantes, teniendo una vida promedio de 24h, ingresan en la provisión extravascular y se transforman en residentes en los tejidos, adoptando el nombre de macrófagos; estos se clasifican en macrófagos alveolares (pulmón), células de Kupffer (hígado), células mesangiales (riñón), células de microglía (cerebro) y osteoclastos (hueso), y otros macrófagos que envuelven los ductos del bazo y los ganglios linfáticos.

  • Las células dendríticas: presentan unas extensiones citoplasmáticas características, y son una reducida comunidad adicional de células inmunitarias que se hayan en la sangre, ganglios linfáticos, médula ósea y tejidos. Cumplen una labor muy específica en la movilización y la instrucción de linfocitos.
  • Linfocitos: constituyen el 25-35% restante de leucocitos y su nombre proviene de su vinculación directa con el sistema linfático. Hacen presencia en la sangre, en los órganos y tejidos linfoides y en los sitios de inflamación crónica. Se dividen en dos subtipos: los B y los T, existentes en la sangre, en proporción 1/5 y se distinguen por la existencia de glucoproteinas en su superficie. Los linfocitos B se distinguen en la médula ósea antes de ser librados a para su desplazamiento; su rol fundamental es la identificación de macromoléculas (antígenos) a través de receptores de superficie (anticuerpos).
  • Los linfocitos B pueden convertirse en células plasmáticas, y conservarse en los tejidos, actuando como segregadores de anticuerpos solubles. Los linfocitos T (provenientes del timo) cuya capacidad de identificar lo característico ante lo extraño, y causar la muerte de los tejidos no familiares, se consigue a lo largo de los primeros años de vida, en el timo. Estas células colaboran de forma eficiente con la labor de los linfocitos B.
  • Linfocitos asesinos naturales (natural Killer): Se han reconicido reducidas poblaciones de células parecidas a linfocitos T pero distintas; son capaces de eliminar las células infectadas por virus y las tumorales sin hacer uso de las “instrucciones” del timo. Se reconocen por la concurrencia de glucoproteinas de superficie específicas, y característicamente tienen un citoplasma bastante granulado.

Órganos del sistema Inmunitario

Órganos linfoides primarios: médula ósea y timo. Lugares de evolución y maduración de las células inmunitarias.

Órganos linfoides secundarios: ganglios linfáticos, bazo, tejido linfoide. Relacionados a mucosas (MALT) y tejido linfoide vinculado al intestino (GALT). Funciones: ser alojamiento de varias células linfoides; establecer una “trampa” para el antígeno, que es el material ante al que se promueven las respuestas inmunitarias, y ser el sitio donde ellas comienzan.

Los leucocitos se especifican todavía más en los órganos secundarios, y los linfocitos viajan por la sangre, los órganos linfoides secundarios y los vasos linfáticos, en un procedimiento de observación inmunitaria organizada.

Si el ganglio linfático es una especie de filtro para el antígeno en varios tejidos, el bazo lo constituye para los antígenos de la sangre. Sus características son parecidas a las de una esponja, y posibilitan que el tránsito sanguíneo de células y proteínas pueda realizarse más pausadamente para investigarlas; sobre todo con respecto a los elementos infecciosos y a los complejos antígeno-anticuerpo, que incitan una respuesta inmunitaria dinámica.

En la pulpa roja del bazo se exterminan los eritrocitos y leucocitos avejentados o defectuosos, que son absorbidos por los macrófagos asentados.

Fisiología del sistema Inmunológico

Los procesos de defensa se pueden clasificar en dos tipos: inespecíficos y específicos. La defensa o inmunidad inespecífica abarca una secuencia de mecanismos de respuesta inmediata para defender al organismo contra una gran diversidad de elementos patógenos.

La específica incluye la movilización de linfocitos especiales contra un agente específico y, adicionalmente, posee memoria, lo que se traduce en que forma células de memoria para combatir nuevamente con el agente particular que la avivó. En esa memoria es que se basan las vacunas.

Inmunidad Inespecífica (natural o nativa)

Los procedimientos que se aplican en este tipo de inmunidad Inespecífica son:

Barreras externas: Primera defensa frente a infecciones y la que practican las superficies más expuestas al entorno; es decir la piel y las mucosas.

  • La piel, es en efecto, una gran barrera física para la gran mayoría de los microorganismos. Y esto se debe a las células queratinizadas de la epidermis, y a la renovación periódica de estas células. Dicho cambio contribuye a desechar microbios de la superficie de la piel.
  • Las mucosas se hallan en todas las concavidades del cuerpo que se muestran al exterior. Pero las mucosas no simplemente son barreras físicas sino que generan sustancias que protegen como el jugo gástrico o las segregaciones vaginales, las cuales son sustancias (regularmente ácidas) que evitan el desarrollo microbiano. También secretan mocosidad que captura microorganismos, y no los deja partir a otra zona. Algunas mucosas poseen cilios (que barren al exterior sustancias que pueden penetrar en esa sector, ejemplo, en el sistema respiratorio).

Células NK (natural killers): población de linfocitos diferentes de los T y B; los cuales no descienden de la célula madre linfoide; como si lo hacen los T y B y, asimismo se encuentran presentes en el bazo, la médula ósea, la sangre y ganglios linfáticos. Las células NK poseen destreza para lisar células infectadas por virus, y células tumorales sin una exposición previa, y sin poner en marcha los mecanismos de defensa específicos.

No obstante, algunas citoquinas amplían su eficiencia. Ciertas citoquinas promueven la generación de interferón gamma (INF-γ o IFN-γ). Este INF-γ (generados por las células NK) va a activar a las células fagocíticas; básucamente los macrófagos.

Células fagocíticas: son cantidades de granulocitos y macrófagos que son capaces de consumir, a través de fagocitosis microbios y partículas raras (ej. células muertas…). Las células fagocíticas más letales son los macrófagos, luego los neutrófilos y de último; los eosinófilos.

Dichas células participan igualmente en la reacción inflamatoria y en la inmunidad específica por cuanto son aptos para fagocitar el complejo antígeno-anticuerpo. Los macrófagos proceden como células anunciantes de antígenos a los linfocitos T.

Sí un lugar del organismo presenta una infección, en principio acuden al sitio los neutrófilos, y después los monocitos, por cuanto son atraídos por sustancias quimiotácticas. Cantidades de microrganismos patógenos pueden ser fagocitados de manera directa porque los identifican, pero otros patógenos no, sino que previo a ser fagocitados deben ser marcados para que el fagocito los identifique.

Regularmente son marcados por un enlace del patógeno a un segmento C(3b) del sistema de complemento, o a través de la unión del microrganismo patógeno a una inmunoglobulina especial; proceso denominado opsonización.

Los neutrófilos y macrófagos poseen receptores en sus respectivas membranas. Un receptor es para el segmento Fc de la Inmunoglobulina (IG) que ha entrado en reacción con el patógeno, y el otro receptor es asignado al segmento C3b del complemento. Estos receptores les posibilitan identificar al patógeno una vez señalados, alearse o agregarse a él, fagocitarlo y luego destruirlo.

La inflamación: la manifestación inflamatoria es un mecanismo de defensa inespecífico que se desarrolla cuando hay una lesión en un tejido. La hinchazón impide la propagación de las sustancias perjudiciales, y va unida de síntomas focales.

No obstante, esas manifestaciones focalizadas cambian de acuerdo al lugar de la lesión y al agente responsable. Incluso así, generalmente las manifestaciones son dolor, calor, rubor y edema.

En la hinchazón lo primero que sucede es que los vasos sanguíneos del lugar afectado se dilatan (vasodilatación) y por tanto, se produce un incremento de flujo; por ello se genera un crecimiento del aporte de las células plasmáticas y de células fagocíticas a ese sitio. Las células fagocíticas se marginan y cruzan el vaso por diapedesis, accediendo de esta manera al lugar dañado. Igualmente se incrementa la permeabilidad de los capilares del lugar a las proteínas plasmáticas, lo que produce que estas proteínas vayan al intersticio. Esto ayuda la filtración de líquidos desde los capilares y, por ello, en el lugar surge un edema que ocasiona la inflamación del sitio.

Adicionalmente, existen sustancias que participan en la tumefacción a las que se definen como conciliadores de la hinchazón y son los que a continuación se señalan:

  • La histamina: liberada por los mastocitos y basófilos activados del sitio dañado, y es el principal encargado de la vasodilatación y del incremento de la permeabilidad capilar.
  • Las quininas (o cininas): activas en neutrófilos e inactivas en tejidos. La quinina más copiosa es la bradiquinina, la cual es un vasodilatador.
  • Las prostaglandina (PG): son libradas por las células endoteliales. Intensifican los efectos de la histamina y las quininas.
  • Las interleuquinas (IL): son libradas por las células fagocíticas al aliarse con los patógenos. De hecho, los macrófagos liberan la IL-1 que promueve la generación de proteínas de la fase aguda.

Proteínas antimicrobianas: la sangre contiene diferentes proteínas que restringe el desarrollo microbiano, por ejemplo, la apotransferrina que se fusiona con el Fe formando transferrina.

Para el crecimiento microbiano es requerido hierro y cobre.
En nuestra sangre poseemos las proteínas de un sistema que se denomina sistema del Complemento. También poseemos otras proteínas llamadas interferones.

El sistema del Complemento es un grupo de proteínas que viajan por nuestra sangre en forma inactiva y que son 9 proteínas precursoras e inactivas que se denominan del C1 al C9. El C1 es un complejo conformado realmente por tres proteínas: Cq, Cs y Cr. Pero adicionalmente, en el sistema de complemento coexisten los factores B, D y properdina. Cuando se movilizan e interaccionan entre sí en una reacción en cascada, creando segmentos que realizan diversas funciones o efectos biológicos. Estos efectos generan diferentes resultados biológicos, pues producen un incremento de la eficiencia de los procedimientos de defensa inespecíficos y específicos.

Este sistema se acciona por dos vías: la clásica y la vía de complemento alternativo. En la vía clásica se requiere el enlace de un anticuerpo con el antígeno. Se requiere que se creee primero la fusión de antígeno-anticuerpo. Este anticuerpo del antígeno tiene que ser de la serie IG M o una IG G. En contraste en la vía alternativa no se requiere un anticuerpo como marcador sino que se activa en presencia de polisacáridos bacterianos de algunos virus y parásitos.

Funciones del sistema Complemento: ayuda la fagocitosis por las células fagocíticas de los agentes patógenos, atrae a más células fagocíticas a la zona y procede sobre la membrana de las células microbianas agujereándolas y provocando su lisis o ruptura de sus membranas celulares. Asimismo, participa en la respuesta inflamatoria.

Otras proteínas antimicrobianas son los interferones (INF, IFN). Las células contagiadas por virus segregan unas proteínas conocidas como interferones los cuales ayudan a proteger las células contiguas no contaminadas, en las cuales los interferones se enlazan a receptores de membrana superficiales, y promueven la síntesis de otras proteínas que limitan o interfieren en la reposición viral. Los interferones no son especiales ante un virus sino que resguardan una extensa variedad de virus. Existen tres tipos de interferones:

  • Interferón α que es el interferón leucocitario
  • Interferón β producido por células que no pertenecen al sistema inmunitario, por tanto es el fibroblástico.
  • Interferón γ o inmunitario, generado por linfocitos T movilizados y por linfocitos NK.

La fiebre: el incremento de temperatura corporal es un procedimiento de defensa ya que aumenta el efecto de los interferones e refrena el desarrollo de ciertos microorganismos.

De tal forma que cuando sube la temperatura corporal, nutrientes como el Zn y el Fe que son necesarios para la abundancia bacteriana, son secuestradas por el hígado, dejando de estar a disposición de las bacterias.

También, con la fiebre aumenta el metabolismo corporal, se aligeran las reacciones de defensa y los procedimientos de reparación ticular. Igualmente, hay sustancias libradas por los macrófogos, como la interleuquina 1 (IL-1), y el TNF (factor de necrosis tumoral) que proceden como inductores de la fiebre al proceder a nivel hipotalámico.

Inmunidad Específica

El cuerpo humano está apto para desarrollar una inmunidad específica y fuerte frente a elementos invasores para los cuales no tiene inmunidad innata. Este tipo de inmunidad ese conoce como inmunidad adquirida. Hay dos tipos básicos de inmunidad adquirida en nuestro organismo que están muy relacionados entre sí:

  • Inmunidad humoral en la cual se producen anticuerpos circulantes.
  • Inmunidad celular donde se generan un elevado número de linfocitos activos.

Estos tipos son elementos del tejido linfoide, el cual se halla ubicado en ganglios linfáticos, bazo, médula ósea roja y sitios submucosos del tubo digestivo. Esta es la ubicación más provechosa para nuestro cuerpo por cuanto se encuentra próximo a las zonas de entrada y de dispersión de una infección.

Hay dos tipos de linfocitos, unos que intervienen en la inmunidad específica, y otros que toman parte en la inmunidad humoral.

Unos serán los encargados de generar linfocitos dinámicos y otros lo serán de generar anticuerpos. Los dos tipos se provienen de la célula madre hematopoyética pluripotencial que se va a preparar y diferenciar en la célula madre linfoide, de donde emanan los dos tipos (poblaciones) de linfocitos, que terminan en el tejido linfoide pero antes se diferencian en lugares diferentes de nuestro cuerpo. Unos se distinguen en el timo que se denominans linfocitos T o tímicos.

Los otros sobresalen en médula ósea, los cuales se denominan linfocitos B o de la bolsa.

La comunidad de linfocitos T, es la encargada de la inmunidad moderada por células y, por tanto de la inmunidad celular. En tanto que la población de linfocitos B es encargada de la inmunidad humoral y, por tanto, serán los responsables de generar anticuerpos. No obstante la respuesta inmunológica se presenta en dos tiempos:

  1. Hay una respuesta inmunológica primaria que se presenta cuando un antígeno ingresa por primera vez a nuestro cuerpo. Por ello dicha respuesta demora en surgir, logra un máximo y después se desvanece.
  2. En el segundo tiempo se da la “respuesta secundaria” y se genera cuando ese antígeno ingresa dos o más veces a nuestro cuerpo. Esta respuesta se presenta en breve tiempo y es duradera. En esta forma de respuesta es que está basada la vacunación, el cual es el método empleado para provocar inmunidad ante una determinada patología sin presentarla. Radica en introducir un antígeno atenuado que produce respuesta inmunitaria pero que no es capaz en generar la enfermedad. Por ello, lo que realiza la vacuna es disponer a nuestro cuerpo en respuesta secundaria.

Antígeno: Es cualquier sustancia identificada como extraña cuando penetra en el cuerpo. Presenta dos características: inmunogenicidad y la reactividad.

  • La inmunogenicidad: Capacidad de promover una respuesta inmunitaria. Por ello un antígeno debe promover la generación de anticuerpos específicos contra él, la generación de células T o ambas paralelamente.
  • La reactividad: Competencia de reaccionar especialmente con los anticuerpos, con las células T (producidos en respuesta al antígeno) o con ambos simultáneamente.

Los antígenos son moléculas complejas y de gran tamaño. La mayor parte son proteínas aunque existen sustancias de menor dimensión que poseen reactividad pero no inmunogenicidad, por ello a sustancias se denomina antígenos parciales o haptenos; el cual puede reaccionar con una célula T o con un anticuerpo, sin embargo, solamente desencadena una respuesta inmunitaria cuando se fusiona con una molécula mayor que lo transporta (ej. Proteína plasmática).

La disposición que posee un antígeno para accionar no depende únicamente del tamaño sino además de su complejidad.

En la molécula antigénica, solo partes específicas del antígeno son inmunógenas. Estos sitios inmunógenos son nombrados epítopos o determinantes antigénicos, y en ese lugar es donde se unen el anticuerpo o la célula T, o inclusive una célula B. Justamente esa unión es la que origina la multiplicación de anticuerpos específicos o de células T específicas. Una sola molécula antigénica puede tener más de un epítopo.

Funciones del sistema Inmunológico

Este sistema se halla conformado por células (leucocitos), tejidos y órganos que trabajan en equipo para proteger al cuerpo cotidianamente de microorganismos patógenos y sustancias tóxicas. Si se desata una irrupción nuestro sistema inmunitario se pone en guardia para replicar ante el acecho.

Su misión principal es determinar dichas sustancias raras y reaccionar contra ellas. Asimismo, se responsabiliza de identificarlas en caso que intenten penetrar de nuevo en el organismo. Las sustancias a las que se enfrenta el sistema inmunitario son virus, hongos o bacterias procedentes del exterior, que ocasionen enfermedades infecciosas hasta células cancerígenas del propio cuerpo, que pueden afectar tejidos y órganos.

¿Qué perjudica nuestro sistema Inmunitario?

Un sistema inmune fortalecido posee la aptitud de asegurar inmunidad ante un significativo número de patologías, pero existen muchos factores que lo agotan. Así ocurre básicamente en esos estados donde cambiamos nuestras rutinas o llevamos un estilo de vida irregular.

La alimentación inapropiada, decadente y desordenada, el estrés y el estado emocional negativo unido al insomnio, o escasas horas de sueño diario inciden en la función inmune y nos vuelven más débiles. Otros factores que influyen son el tabaco, la ingesta de alcohol o el uso frecuente de fármacos, básicamente la automedicación con antibióticos. Por otra parte, la contaminación, las ondas electromagnéticas y los tóxicos ambientales igualmente son nocivos.

¿Cómo fortalecer nuestras defensas?

La alimentación es un elemento determinante para el sistema inmunológico. Hay una relación directa, pues si la nutrición es inadecuada el sistema Inmunológico se debilita. Además de llevar una dieta balanceada, existen nutrientes favorables para el sistema inmune: Vitamina C, A, E, Selenio, Hierro y Zinc.

El uso de inmunoestimulantes nos asiste, tanto en estados de inmunodepresión como en prevención. Hay un elevado número de inmunoestimulantes naturales como la Equinacea, Uña de gato, Propóleo, Oligoelementos, Probióticos, las vitaminas citadas anteriormente, etc.

Los antibióticos naturales

Si, existen antibióticos naturales que cohiben el desarrollo de microorganismos en caso de infección, sin atacar el correcto funcionamiento de nuestro sistema inmunitario ni generar efectos secundarios. Algunos ejemplos son: Tomillo, Ajo, Pau d´Arco, semillas de pomelo, oligoelemento cobre y plata coloidal .

Otro elemento importante para conservar una aceptable actividad inmunitaria es la práctica de ejercicio físico, de meditación y respiración.

Sistema inmunitario y emociones

Las emociones y los procesos mentales poseen una relación con el estado del sistema inmunológico. Se ha verificado que las terminaciones nerviosas se encuentran fisiológicamente enlazadas a los leucocitos, que son las células del sistema inmunitario.

Realmente, el sistema nervioso posee la competencia de regular y relacionarse con casi todos los órganos y sistemas del cuerpo, incluyendo el sistema inmunitario. De esta manera, la mente y las emociones pueden resentir o vigorizar nuestro sistema inmunitario.

Defensas y estado de ánimo

Desde el punto de vista positivo, pueden sanarse algunas patologías empleando métodologías que promuevan bienestar y felicidad.

El organismo refleja lo que ocurre a nivel emocional o psicológico. Muchas enfermedades se alivian o sanan cuando nuestra actitud ante la vida es positiva, más abierta y receptiva; es en ese instante cuando el sistema inmunitario percibe del sistema nervioso la información y la persona comienza evidenciar satisfacción y armonía. Por el contrario, una persona negativa y deprimida igualmente deprime su sistema Inmunológico.

Partes del sistema Inmunológico

De acuerdo al estado del sistema Inmunológico se considera que una persona presenta las defensas altas o bajas; condición que surge al padecer por ejemplo de gripe, en varias estaciones del año. Las diferentes partes que componen el sistema, enfrentan y exterminan los antígenos y microorganismos nocivos a la salud. Una de las misiones del sistema inmune es procesar o descartar órganos trasplantados, o sea, que las adaptaciones del cuerpo con un trasplante dependen de este sistema.

Igualmente, patologías como anemia crónica, leucemia, artritis y diabetes dependen en gran medida al adecuado funcionamiento del sistema Inmunológico y de cada parte que lo componen. Es por ello que cuando este sistema no se encuentra en excelentes condiciones, los linfocitos o glóbulos blancos envían alertas que consiguen enfrentar esos males; si no pueden, las personas deben acudir a un especialista para procurar, con la asistencia de fármacos, superar el malestar.

Glóbulos Blancos. Un segmento de los glóbulos blancos son conocidos como linfocitos, los cuales poseen la misión de luchar contra las infecciones que atacan al organismo, en toda su existencia. Este tipo de glóbulos son indispensables para un sistema inmunológico apropiado, ya que se ocupan de generar las células sanguíneas inmunes, creadas en la médula ósea.

Piel. Es la membrana que recubre todo el cuerpo y hace de pared externa del sistema inmunológico, resguardándolo de microrganismos externos que los acechan. Si una persona se rasga la piel y no está cubierta, o no es tratada con medicamentos, los microorganismos que se encuentran en el medio ambiente atacarán la galla para acometer contra el bienestar de salud de la persona.

Médula Ósea. Es la que se ocupa de generar los linfocitos (glóbulos blancos) que posibilitan al sistema inmunológico enfrentar los microorganismos. La médula ósea está localizada entre los huesos largos como son costillas, fémur o esternón; debido a que es un tejido pegajoso que se adentra en esas zonas. Consta de dos partes: médula ósea roja, que permite la producción de sangre, y la amarilla que sirve para acumular energía.

El Timo. Es el encargado de alojar linfocitos T, que posibilitan el acoplamiento del sistema inmunológico, además de producir las respuestas de los organos ante los envistes de las infecciones y bacterias. El timo se ubica atrás del esternón.

Bazo. Es donde se desechan las células de la sangre que no sirven, para después generar nuevas. Igualmente, al realizarse este procedimiento el bazo posee una reserva de sangre. Presenta figura de puño y se encuentra ubicado en la zona abdominal izquierda. Cuando se tiene el bazo inflamado por la reacción del sistema linfático, sus dimensiones son mayores.

La Sangre. Recorre todo el organismo; se ocupa de trasladar los nutrientes a todos los órganos del cuerpo. La componen glóbulos blancos, rojos, plasmas y plaquetas, las que son indispensable para un sistema inmunológico vigoroso. La ausencia de varios de estos compuestos es indicativo de una infección o enfermedad.

Vasos Linfáticos. Llamados también ganglios linfáticos o sistema linfático. Son órganos dispersados por todo el organismo, en forma de capilares de sangre. La función de los ganglios linfáticos es la de trasladar los glóbulos blancos, contribuyendo a enfrentar las infecciones y optimizar las condiciones del sistema inmunológico.

Placas de Peyer. Operan como un defensor, por cuanto identifican las bacterias infecciosas que arremeten contra el ser humano cuando cruzan el intestino delgado; las mismas se hallan localizadas en ese órgano, que forma parte del sistema digestivo.

Componentes del sistema Inmunológico

Este sistema se compone de diferentes tipos de células y proteínas. Cada componente posee una misión especial orientada a identificar el material extraño (antígenos) y/o reaccionar contra éstos. Ciertos componentes poseen como función única el distinguir el material extraño. Otros poseen la función principal de reaccionar contra ese material. Y un tercer grupo de componentes operan para ambas misiones: determinar y reaccionar contra materiales extraños.

En vista de que las funciones del sistema inmunológico son tan impresindibles para sobrevivir, hay mecanismos de respaldo. Si un componente del sistema no está presente o no opera adecuadamente, otro componente lo suple puede realizar al menos varias de sus funciones.

Sus componentes son:

  • Linfocitos B
  • Linfocitos T
  • Fagocitos
  • Complemento

Linfocitos B: Células especializadas del sistema inmunológico (células B) que presentan como función principal generar anticuerpos (inmunoglobulinas o gamaglobulinas). Los linfocitos B evolucionan de células primitivas (células madre) en la médula ósea. Cuando maduran, los linfocitos B se hallan en la médula ósea, en nodos linfáticos, baso, ciertas áreas del intestino, y en menos extensión, en el torrente sanguíneo.

Cuando las células B se incitan con un material raro (antígenos), reaccionan madurando en otros tipos de células conocidas como células plasmáticas; las cuales generan anticuerpos que hallan su camino al fluido sanguíneo, secreciones intestinales, secreciones respiratorias y hasta en las lágrimas.

Los anticuerpos son moléculas de proteína sumamente específicas. Para cada antígeno hay anticuerpos moleculares con diseños concretos. Por ello existen anticuerpos moleculares que encajan adecuadamente, por ejemplo al virus del polio, otros que se orientan a la bacteria que ocasiona la difteria, u otros que responden al virus de paperas.

La diversidad de anticuerpos moleculares es tan grande que las células B poseen la habilidad de generarlos contra, probablemente, todos los micro-organismos en el medio ambiente.

Cuando las moléculas de los anticuerpos identifican a microorganismos raros, se fusionan físicamente a éste y comienzan una compleja cadena de reacciones, implicando a otros componentes del Sistema Inmunológico que ocasionalmente eliminan al micro-organismo.

Como se ha dicho, los términos químicos para las proteínas de los anticuerpos son inmunoglobulinas o gamaglobulinas. Así como los anticuerpos pueden variar de molécula a molécula en relación al micro-organismo al que se enlazan; igualmente pueden cambiar con respecto a las labores especiales en el organismo. Este tipo de alternancia en función especializada es definida por la estructura química del anticuerpo, que a su vez define el tipo de anticuerpo (inmunoglobulina).

Existen 5 grandes clases de anticuerpos o gamaglobulinas:

  • Inmunoglobulinas G (IgG)
  • Inmunoglobulinas A (IgA)
  • Inmunoglobulinas M (IgM)
  • Inmunoglobulinas E (IgE)
  • Inmunoglobulinas D (IgD)

Cada tipo de inmunoglobulina posee una rasgo químico especial que le da ciertos provechos. Por ejemplo, los anticuerpos en la fracción IgG se conforman en significativas cantidades y pueden desplazarse del torrente sanguíneo a los tejidos. Estas inmunoglobulinas (anticuerpos) son el único tipo que atraviesa la placenta y le trasmite inmunidad de la madre al neonato.

Los anticuerpos en la fracción IgA se generan próximas a las membranas mucosas y alcanzan hasta secreciones como las lágrimas, bilis, saliva, mucosa; donde resguardan contra infecciones en el tracto respiratorio y los intestinos.

Los anticuerpos de la clase IgM son los primeros que se crean en manifestación a las infecciones, y por ello son imprescindibles para defender durante los días iniciales de una infección. Los anticuerpos en la clase IgE se ocupan de reacciones alérgicas. La función especial de IgD todavía no se comprende completamente.

Los anticuerpos nos resguardan de las infecciones de diferente manera. Por ejemplo, ciertos micro-organismos se deben unir a células del cuerpo para poder ocasionar una infección, pero anticuerpos en la superficie pueden interceptar con la capacidad del micro-organismo de adherirse a la célula.

Y además, los anticuerpos agarrados a la superficie de cierto micro-organismo pueden accionar un grupo de proteínas conocidas como el Sistema del Complemento, que pueden exterminar directamente bacterias y virus.

Bacterias recubiertas por anticuerpos son más fáciles de ingerir y eliminar por los fagocitos, que las bacterias que no se hallan revestidas por anticuerpos. Todos esas acciones de los anticuerpos evitan que los micro-organismos irrumpan tejidos del cuerpo donde pueden producir infecciones significativas.

Linfocitos T: (llamados células T) son otra clase de células inmunológicas. Éstos no generan anticuerpos moleculares. Las labores especiales de los linfocitos T son:

  1. Enfrentar directamente antígenos raros como virus, hongos, tejidos transplantados
  2. Operar como reguladores del Sistema Inmunológico.

Los linfocitos T evolucionan de células madre en la médula ósea. Ya en la vida del feto, células inmaduras viajan al timo, que es un órgano especial del Sistema Inmunológico en el pecho.

En el timo, los linfocitos inmaduros se convierten en linfocitos T maduros (“T” por el Timo). El Timo es fundamental para este proceso, y los linfocitos T no pueden evolucionar en el feto si no tienen Timo. Los linfocitos T maduros abandonan el Timo y se dirigen a otros órganos del Sistema Inmunológico como la médula ósea, el baso, los nodos linfáticos o la sangre.

Cada linfocito T se interrelaciona con un antígeno particular, así como cada anticuerpo interactúa con un antígeno específico. De hecho, los linfocitos T poseen moléculas en la superficie que son como anticuerpos que identifican antígenos.

La variedad de linfocitos T es tan extensa que el organismo posee linfocitos T que pueden actuar contra cualquier antígeno. Los linfocitos T igualmente cambian con respecto a su función:

  1. Linfocitos T destructores (“killer” o “effector”)
    1. Linfocitos T de ayuda (“helper”)
    2. Linfocitos T supresores (“suppressor”). Cada uno se desempeña en diferentes zonas del Sistema Inmunológico.

    Los linfocitos T destructores son los que destruyen al micro-organismo invasor. Protegen al organismo de bacterias especificas y virus que poseen la capacidad de sobrevivir y regenerarse en las células del cuerpo. Los linfocitos T destructores igualmente responden a tejidos raros en el organismo, como por ejemplo un hígado transplantado. Los linfocitos T destructores se desplazan al lugar de la infección o al tejido transplantado. Cuando arriban los linfocitos T destructores se fijan a su blanco y lo eliminan.

    Los linfocitos T de ayuda, colaboran con los linfocitos B a generar anticuerpos y a los linfocitos T destructores en la lucha contra sustancias raras. Los linfocitos T de ayuda hacen más efeciente la función de los linfocitos B, provocando una mejor y mas rápida producción de anticuerpos. Los linfocitos T de ayuda igualmente mejoran la eficiencia en la función destructora de los linfocitos T destructores.

    Por otro lado, los linfocitos T supresores, eliminan o apagan a los linfocitos T de ayuda. Sin esta supresión, el Sistema Inmunológico continuaría laborando luego de la infección. Unidos los linfocitos T de ayuda y supresores operan como el regulador de todo el sistema de linfocitos y los dejan encendidos el tiempo requerido – no mucho ni poco tiempo-.

    Fagocitos: Son células especializadas del sistema inmunológico cuya misión principal es ingerir o eliminar micro-organismos. Estas células, como otras en el sistema inmunológico, evolucionan de células madre en la médula osea. Al madurar se desplazan a todos los tejidos del organismo, pero básicamente al hígado, nódulos linfáticos, sangre, baso y pulmones.

    Existen diversos tipos de fagocitos. Leucocitos Polimorfonucleares (neutrófilos o granulocitos) son frecuentemente ubicados en la sangre y pueden desplazarse a lugares de infección en tan solo minutos. Son estos fagocitos los que aumentan en la sangre a lo largo de una infección y son responsables, en gran medida, de las cuentas mayores en las biometrías hemáticas

Los fagocitos son igualmente los que abandonan el torrente sanguíneo y se aglomeran en los tejidos, en las primeras horas de una infección, y son lo encargados de la producción de pus. Los monocitos son otra clase de fagocitos en la sangre. Igualmente recubren las paredes de las venas en tejidos como el hígado y el baso.

Allí operan para apresar micro-organismos que viajan por la sangre. Cuando los monocitos dejan el torrente sanguíneo e ingresan en los tejidos, cambian de forma y tamaño para transformarse en macrófagos.

Los fagocitos ejercen diferentes funciones críticas en el organismo contra infecciones. Poseen la capacidad de emerger del trorrente sanguíneo y movilizarse hacia los tejidos, al lugar de la infección; cuando llegan consumen al microorganismo invasor.

La ingestión de los microorganismos es mucho más sencilla cuanto están recubiertos de anticuerpos o complemento o ambos. Una vez que el fagocito se come al microorganismo, comienza una serie de reacciones químicas a lo interno de la célula, que resultan en el exterminio del microorganismo.

Complemento: El sistema del complemento posee 18 proteínas que operan de forma organizada e integrada para contribuir en la defensa contra infecciones, y generan hinchazón. Ciertas proteínas del complemento las genera el hígado, y otras las crean determinados fagocitos, los macrófagos.

Para ejercer sus tareas de protección, los componentes del complemento deben transformarse de formas inactivas a formas activas. En ciertos casos, los micro-organismos primero deben que combinarse con anticuerpos para poder accionar el complemento. En otros casos los micro-organismos pueden dinamizar el Complemento sin la contribuición de los anticuerpos.

Ya accionado el Complemento puede ejercer funciones de defensa frente a infecciones. Como se señaló, una de las proteínas del complemento recubre los micro-organismos para que puedan ser ingeridas con más facilidad por los fagocitos. Otros componentes del Complemento envían señales químicas para atraer fagocitos a los sitios de infección. Cuando todo el sistema se halla en la superficie de algunos microorganismos, puede romper la membrana de la célula, y aniquilarla.

Estructura del sistema Inmunológico

Esa estructura es muy compleja, al igual que las misiones que desempeña: resguarda nuestro cuerpo de agentes patógenos causantes de enfermedades, en tanto que lo vuelve inmune a su influencia. Esto sucede porque el sistema inmunitario distingue entre extraño y propio, y crea la respuesta inmunológica pertinente.

La inmunidad se subclasifica en en el tramo innato del ser humano y se hace presente desde el nacimiento, tomando el

nombre de sistema inmunitario inespecífico o innato. En cierta forma el ser humano adopta la inmunidad a través de un procedimiento de aprendizaje, en el que el Sistema Inmunológico desarrolla moléculas que pueden identificar un definido tipo de proteínas de otro tipo; estas son los antígenos específicos (sistema inmunitario específico o adquirido).

Una extensa diversidad de órganos y sistemas de células conforman la organización del sistema inmunitario. Los órganos pertenecientes al sistema inmunitario (órganos linfáticos, es decir, el sistema linfático) se subdividen de la siguiente forma:

  • Órganos linfáticos primarios: Médula ósea y el timo, que es un órgano de gran tamaño que en la infancia se sitúa en la región superior del pecho. Estos órganos son los encargados de la elaboración de linfocitos, que alcanzan los órganos linfáticos periféricos a través de la sangre. Aquí empieza la respuesta inmunológica del sistema inmunitario adquirido.
  • Órganos linfáticos secundarios o periféricos: Ganglios linfáticos, pulmones, bazo y tejido linfático del tracto gastrointestinal (adenoides, intestino ciego, etc.) y mucosas.

El sistema inmunitario innato (inespecífico) y el adquirido (específico) son muy semejantes respecto a su sistema de funcionamiento. Buena parte de los patógenos son advertidos en pocas horas, y destruidos por los procedimientos del sistema inmunitario inespecífico.

En vista de que la respuesta inmunológica innata no se encuentra especializada en los antígenos, no requiere una extensa fase inicial. Cuando la defensa inicial del organismo no consigue matar los agentes patógenos, después de un periodo de cuatro a siete días surge la respuesta inmunológica específica o adquirida. Se forman entonces células antigénicas, que se diseñan para combatir contra cada patógeno de manera específica.

Enfermedades del sistema Inmunológico

Lamentablemente, el sistema inmune no todas las veces logra ganar las batallas, contra los agentes que son desconocidos para nuestro organismo, y si bien esto es poco frecuente, cuando no opera bien, los resultados pueden ser muy serios. Las complicaciones del sistema inmunológico que podemos padecer son cuantiosos y diversos, sin embargo se pueden resumir en dos grandes grupos:

  • Defectos que bloquean el funcionamiento total o parcial del sistema inmune. Son las conocidas inmunodeficiencias. En casos extremos esto genera infecciones graves y frecuentes que ponen en peligro nuestras vidas. Los tipos de inmunodeficiencias son numerosas y de muy diversos tipos; pueden atacar más a niños y adultos. Constantemente se están revelando nuevas formas de inmunodeficiencias, las cuales no siempre son sencillas de tratar.

  • Enfermedades donde el sistema inmune funciona, pero descoordinadamente, generando perjuicio a los tejidos de la persona de las padece. Estas comprenden alergias, asma alérgica y enfermedades autoinmunes, donde el sistema inmune (destructivo por naturaleza) se desconcierta y actúa devorando los tejidos propios, generando enfermedades como la diabetes mellitus tipo I (juvenil), enfermedad celíaca, lepra, pénfigo vulgar, artritis reumatoide, lupus eritematoso, tiroiditis autoinmune, esclerosis múltiple, cirrosis biliar primaria, miastenia grave, hepatitis autoinmune, y un largo etcétera.
  • El sistema inmune igualmente desempeña un destacado papel en la vigilancia y protección contra algunas clases de cánceres.
  • Es por esto que ciertos tipos de inmunodeficiencias (como el SIDA) elaboran con la evolución de tumores cancerígenos.Cuando el organismo se confronta un germen, el sistema inmune es la primera línea de defensa. Las células y órganos especializados contribuyen a determinar y responder a cuerpos extraños.
  • El sistema inmunológico incluso posee su particular sistema circulatorio, el sistema linfático.Si el sistema inmunológico no ejerce sus funciones adecuadamente, los resultados pueden ser muy serios. Los trastornos en el sistema inmunológico comprenden:
  • Alergia y asma: respuestas inmunológicas inapropiadas a sustancias que regularmente son inofensivas
  • Enfermedad de injerto contra el anfitrión: reacción que puede suceder en personas que reciben trasplantes de órganos y coloca en peligro la vida del paciente
  • Enfermedades por deficiencia inmunológica: trastornos por la disminución significativa de la resistencia a las enfermedades
  • Enfermedades autoinmunes: se presentan cuando el sistema inmunológico agrede por error las células y tejidos del cuerpo

El sistema inmune y las enfermedades de inmunodeficiencias primarias

inmunodeficiencia primaria. Cuando el daño es originado por una fuerza exterior, esta se le denomina enfermedad de inmunodeficiencia secundaria.

Por ejemplo, el SIDA es una enfermedad de inmunodeficiencia secundaria ocasionada por el virus VIH. Las enfermedades de inmunodeficiencia secundaria pueden igualmente ser originadas por quimioterapia, desnutrición, radiación o quemaduras.

Las Enfermedades de Inmunodeficiencia Primarias son un conjunto de alteraciones causados por defectos básicos en la función inmune que son inherentes a las células y tejidos del sistema inmune.

Hay casi 100 patologías de inmunodeficiencia primarias. Unas son relativamente comunes, en tanto que otras son parcialmente raras.

Si bien hay algunas que lesionan una sola célula o proteína del sistema inmune, otras pueden atacar a más de un factor del sistema inmune. Incluso cuando las enfermedades de inmunodeficiencia primarias pueden diferenciarse unas de otras en varias formas, comparten una característica común. Todas son el resultado de un defecto en una de las funciones del sistema inmune normal.

Las inmunodeficiencias primarias son consecuencias de defectos en los linfocitos T, linfocitos B, células fagocíticas o del sistema Complemento. Buena parte de éstas son enfermedades heredadas tal como la agammaglobulinemia ligada al X (XLA) o la Inmunodeficiencia Combinada Severa (SCID). Otras inmunodeficiencias primarias, como la Inmunodeficiencia Común Variable (CVID) y la Deficiencia Selectiva de IgA al parecer no son heredadas en manera clara y predecible; en estas alteraciones la causa es desconocida pero la interacción de factores genéticos pueden jugar un papel importante en su causalidad.

Por cuanto una de las funciones vitales del sistema inmune normal es la de resguardarnos de infecciones, es frecuente que los pacientes con afeccionesde inmunodeficiencia primaria sean más susceptibles a infecciones. Esta alta susceptibilidad a infecciones puede comprender muchas infecciones, infecciones son difíciles de exterminar, o infecciones que regularmente no son graves.

Las infecciones pueden ser ubicadas en los senos paranasales (sinusitis), bronquios (bronquitis), pulmones (neumonía) o el tracto intestinal (diarrea infecciosa). Otra función del sistema inmune consiste en diferenciar entre el material individual (propio) y el foráneo (no propio), tales como microorganismos, polen o inclusive un riñón transplantado.

En ciertas enfermedades de inmunodeficiencia, el sistema inmune no puede distinguir entre lo propio y lo que no lo es. Por lo tanto, adicionalmente de una alta susceptibilidad a infecciones, los pacientes con inmunodeficiencia pueden tener patologías autoinmunes donde su sistema inmune agrede a sus propias células o tejidos como si fueran extraños.

Las enfermedades de inmunodeficiencia primarias pueden surgir en individuos de cualquier edad. Las explicaciones

originales de estas enfermedades sucedieron en niños, pero al ir aumentando la experiencia médica, numerosos adolescentes y adultos han sido diagnosticados con patologías de inmunodeficiencia primarias.

Esto se debe en parte al hecho de que ciertos quebrantos, como la enfermedad de Inmunodeficiencia Común Variable y la Deficiencia Selectiva de Iga, pueden haberse conocido clínicamente por primera vez en la vida adulta, pero igualmente al hecho de que hay terapia efectiva para casi todos los trastornos, y que los pacientes evaluados en la infancia o niñez ahora llegan a la edad adulta como elementos productivos de la sociedad.

Por último, inicialmente se pensaba que las enfermedades de inmunodeficiencia primarias eran muy extrañas. No obstante, son más frecuentes de lo que se pensaba. De hecho, la Deficiencia Selectiva de IgA, sucede de con una frecuencia de 1 en 500 individuos.

Tratamientos para las enfermedades del sistema Inmunológico

Se han utilizado muchos procedimientos para la terapia de las enfermedades autoinmunes. En condiciones asociadas a la artritis, la inflamación se trata con antinflamatarios no esteroides (AINE). Ejemplos de estos AINE incluyen la aspirina, el ibuprofeno y el naproxeno.

Para la inflamación igualmente se emplean glucocorticoides, como la cortisona y la prednisona. También, fármacos conocidos como antirreumáticos modificadores de le enfermedad (FARMEs), como el metotrexato, que bloquea inespecíficamente al sistema inmunológico, cumplen un rol de importancia en muchas patologías autoinmunes.

Avances in la Biotecnología

Los científicos han avanzado mucho en los últimos décadas al entender la Artritis Reumatoidea (AR) y cómo afecta el cuerpo de las personas. Esta noción ha conducido al desarrollo de fármacos nombrados modificadores de la respuesta biológica (MRB), que impiden pasos concretos del proceso inmunológico.

El etanercept (Enbrel) es el primer MRB aceptado por la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA) para tratar la AR, el cual procede interrumpiendo la actividad del FNT, la cual es una de las citocinas más importantes implicadas en la AR.

El infliximab (Remicade), el segundo de los MRB, fue admitido por la FDA para la terapia de la AR. El infliximab emplea un anticuerpo monoclonal, es decir una versión de los anticuerpos humanos especialmente diseñado para conbatir el FNT.

El anakinra (Kineret) fue el tercer MRB ratificado por la FDA para tratar la AR. El anakinra intercepta la interacción de la citocina IL-1 con otras células. La IL-1 es otra citocina de importancia a lo largo de la inflamación y daño articular que sucede en la AR.

Es vital comprender que el FNT y la IL-1 son citocinas primordiales para la operatividad normal del sistema inmunológico. Por ello cuando se les elimina, los pacientes deben ser monitoreados sigilosamente para cerciorarse de que estas sustancias no se hayan descartado del todo.

Los modificadores de la respuesta biológica brindan una nueva propuesta para el tratamiento de la AR. A medida que los científicos vayan comprendiendo más sobre la operatividad del sistema Inmunológico, desarrollarán agentes más fuertes y específicos para luchar contra enfermedades como la AR.

Qué puede dañar el sistema Inmunológico

Ciertos factores pueden afectar el sistema inmunológico como una mala alimentación, escaso ejercicio, consumo de tabaco y alcohol, sedentarismo y otros hábitos perjudiciales para la salud.

El sistema inmunológico (inmunitario o inmune) se encuentra compuesto por un complejo grupo de células, órganos y tejidos del organismo que trabajan intrincadamente para reguardarnos de enfermedades.

Es el sistema de defensa natural del cuerpo frente la incursión de gérmenes, microbios o agentes externos que pueden resultar potencialmente nocivos para la salud. Cualquier operatividad defectuosa de esa red puede afectar su misión de defensa, y es lo que produce las enfermedades. La mayor parte de las causas de ese funcionamiento imperfecto, surgen por nosotros mismos y en la forma en la que “mal tratamos” a nuestro organismo.

Hábitos, alimentos y causas externas que pueden dañar nuestro sistema Inmunológico

Productos refinados

El procesamiento por el que pasa la caña de azúcar para transformarla en un polvo absolutamente blanco, o la refinación de otros comestibles como el arroz, la harina de trigo o el maíz, ocasiona que se desperdicie buena parte de la fibra que contienen y, por ende, sus cualidades nutritivas.

De lo que podemos interpretar que comemos pero no nos alimentamos adecuadamente. A la larga, la ingesta de este tipo de alimentos va perjudicando nuestro sistema inmunológico, convirtiéndonos en más susceptibles a enfermedades crónicas y autoinmunes.

Investigaciones científicas han verificado que el organismo tarda mucho más tiempo en luchar contra las bacterias luego de haber ingerido alimentos procesados.

Este es el mal moderno de los habitantes de las grandes ciudades. Se habla alegremente del estrés, pero en realmenmte es el origen y principal responsable de la mayoría de las enfermedades actuales.

Lo apresarado en que nos obliga vivir el mundo de hoy, en ocasiones no logra ser bien manejado por todos; esto resulta en un estrés crónico (de tiempo prolongado), e incluso podemos llegar al punto de requerir ese vértigo permanente para afrontar el día a día.

Esto eleva los niveles de cortisol, la cual es un hormona producida por las glándulas suprarrenales cuya función es, entre otras, justamente anular el sistema inmunológico, y convertirnos en seres más propensos a padecer enfermedades cardíacas u otras como diabetes.

Sedentarismo

La ausencia de actividad física permanente es dañina para el organismo, en todos los sentidos. El sedentarismo, literalmente hablando, adormece el sistema inmunológico. Hacer deporte o alguna actividad física, lo dispone para luchar contra infecciones virales o bacterianas, y reduce la posibilidad de sufrir enfermedades crónicas como cardiopatías, osteoporosis o artritis.

Con el ejercicio se disminuye el estrés y se incrementa la generación de anticuerpos y glóbulos blancos. Además, la subida de la temperatura corporal aminora la probabilidad del desarrollo de bacterias. De manera que más allá de ayudar a favorecer la apariencia física, el ejercicio es absolutamente vital.

Consumo de alcohol

Está científicamente verificado el beneficio que puede surtir a la salud cardiovascular la ingesta de un vaso de vino diariamente, no obstante, el exceso en el consumo de bebidas alcohólicas puede ocasionar que se pierda todo lo provechoso de su consumo moderado.

Por otra parte, no todas las bebidas alcohólicas poseen los beneficios del vino. Muchas poseen un elevado grado de alcohol que no consigue ser metabolizado por el organismo, debilitando la capacidad del sistema inmune. Adicionalmente, el consumo en exceso de alcohol disminuye la producción de glóbulos blancos, hace más lenta la actividad digestiva y sobrecarga la labor hepático, disminuyendo su potencial para acumular vitaminas.

Consumo de tabaco

Si la ingesta controlada de ciertas bebidas alcohólicas puede ser permitido, en el caso del tabaco no existe ninguna concesión. El cigarrillo corriente posee más de 250 sustancias elevadamente nocivas para la salud, entre las que se hallan algunas valoradas directamente como venenosas como arsénico, nicotina, amoníaco y el tolueno. El cuerpo humano es una máquina maravillosa, pero “de fábrica”; no vino dispuesto para procesar químicos tan potentes y destructores como los contenidos en los cigarrillos. Pausadamente, ese poder letal va invadiendo todos los sistemas del organismo, y el sistema inmunológico no está exento.

Aditivos químicos

Empeñada en producir alimentos cada vez más vistosos y no perecederos, la industria de alimentos está fabricando comidas que se asemejan más al plástico que a un alimento verdadero.

Colorantes y saborizantes ficticios están incluiodos en todos los alimentos envasados, deshidratados y enlatados, así como en las bebidas gaseosas, polvos para diluir y jugos envasados. Su consumo desproporcionado genera a la larga en enfermedades como alergias, déficit de atención, asma y hasta cáncer.

Deficiencia de vitamina D

La vitamina D cumple un papel protagónico en muchos procesos que reducen la toxicidad de numerosos agentes externos. Hay mucha prueba científica de que un nivel deficitario de esa vitamina en el organismo puede originar enfermedades desde el resfriado común hasta algunos tipos de cáncer.

El déficits de Vitamina D en el ser humano de hoy se debe, además del bajo consumo de alimentos que la contienen (frutas, verduras y pescados frescos), a la reducción en la exposición al sol, por la vida agitada y las prolongadas horas que los trabajadores deben mantenerse en recintos cerrados; ya es conocido que la principal fuente de esa vitamina se encuentra en la exposición controlada y dosificada al sol.

Falta de sueño

La ausencia de sueño total y reparador por lapsos extendidos, perjudica el funcionamiento adecuado de todo el organismo.

Aunque se desconoce con exactitud la incidencia de un sueño de calidad, en la buena operatividad del sistema inmunológico, sí hay indicios de que las personas mayores con menos de 6 horas de sueño en promedio son más proclives a enfermarse. Adicionalmente, la escases de sueño aumenta la secreción de la hormona del estrés y reduce la producción de melatonina que contribuye a acrecentar las defensas naturales del organismo.

Medicamentos

La automidicación o el uso indiscriminado de algunas drogas, igualmente puede afectar el sistema inmunológico, por cuanto mejoran los síntomas de las enfermedades para las que fueron prescritos, pero perjudican de forma silenciosa otros órganos, produciendo inflamaciones, infecciones y enfermedades crónicas.

Enfermedades autoinmunes

Esta es la razón exclusiva que afecta el sistema, pero que no es controlable por el ser humano ni generada por sus hábitos. Aunque el sistema inmunológico está configurado para enfrentar las enfermedades, en ciertas ocasiones puede errar y transformarse en todo lo contrario, o sea, en el generador de una enfermedad que evidentemente no puede enfrentar.

El sistema se descontrola y pierde la capacidad de distinguir las células propias de las ajenas, de manera que combate desorientado, atacando a todas las células de igual modo. Es lo que se reconoce como autoinmunidad y produce múltiples enfermedades complejas para diagnosticar y para aplicar tratamiento.

Cómo fortalecerlo

A lo largo de algunas épocas del año reducimos la guardia y cambiamos nuestras rutinas: alteramos los horarios de comida, de sueño, etc. Este tipo de comportamiento someten a prueba nuestros procesos defensivos, arriesgando con ello nuestro estado de salud.

Por otra parte, el medio ambiente conlleva un permanente desafío para nuestras defensas: químicos tóxicos, bacterias, virus, contaminación y hongos agregan estrés al sistema inmunológico.

Numerosos son los elementos que pueden descontrolar nuestras defensas; algunos no dependerán de nosotros, por cuanto son factores internos (enfermedades autoinmunes, cambios estacionales, edades extremas de la vida,etc.), pero hay otros factores externos sobre los cuales si podemos proceder.

De seguro que entre los ejemplos siguientes todos identificamos por lo menos dos enemigos del sistema inmunológico que forman parte de nuestra vida cotidiana: cafeína, contaminación ambiental, estrés, sedentarismo, exceso de ejercicio físico, alimentación desequilibrada, humo del tabaco; causan que nuestro organismo y sistema inmunológico se desgaste, posibilitando el contagio de infecciones (catarros, gripes, cistitis, etc.) y una mayor permanencia de las mismas.

La alimentación es un factor muy importante para el sistema inmunológico. Si es inadecuada o insuficiente se produce una caída de las defensas; si es equilibrada, las mantiene en forma o las fortalece.

¿Cuándo debemos suponer que nuestras defensas están bajas?

Existen indicios que nos pueden avisar: heridas que tardan en cicatrizar, cansancio mayor de lo habitual, pupas en los labios, dolor muscular sin haber practicado ejercicio y caída del cabello. Unas excelentes estrategias para incrementar la inmunidad natural y contribuir para que nuestro sistema inmunológico le haga frente a los agentes patógenos que lo acosan, las hallamos en la alimentación y el ejercicio físico.

La alimentación es un elemento vital para el sistema inmunológico. Hay una relación directa entre ambos, por cuanto si la alimentación es inapropiada o deficiente se produce una baja en las defensas, en tanto que si es balanceada y completa, contribuye a preservarlas en forma o incluso las fortifica.

Observando unos simples consejos alimentarios nos llenaremos de energía para abordar la vuelta a nuestras labores, y en el caso de los niños, el regreso al colegio. No olvidemos que se debe consumir de todo: una dieta variada con una proporción apropiada de todos los nutrientes (proteínas, vitaminas, minerales, grasas, hidratos de carbono,) nos asegura un nivelación interna que a la vez vale como escudo de protección.

Las dietas abundantes en grasas disminuyen la respuesta inmunológica; sin embargo, no es tan solo una cuestión de cantidad, por cuanto la proveniencia de las grasas que incluimos en nuestra dieta es igual de importante. Conviene introducir grasas monoinsaturadas, que figuran en el pescado azul, frutos secos, aceite de oliva, girasol o soja. Ingerir con regularidad productos lácteos fermentados (yogur, kefir) ayuda a incrementar las defensas.

Alimentos que fortalecen el sistema Inmunológico

Comer sanamente también puede protegerte de enfermar con frecuencia.

Está por culminar esa época del año donde todo mundo andaba enfermo, por eso lo más adecuado es continua protegiéndote para evitar enfermedades con los cambios de estación. Mantenerse lo más sano posible se traduce en fortificar tu sistema inmunológico. Una de las maneras más adecuadas de hacerlo es meter en la dieta diaria alimentos que fortalezcan el sistema inmune. A continuación se presenta una lista de nueve alimentos que lo realizan y unas recetas para que los ingieras en la cantidad que te provoque.

Pimientos rojos. Son una excelente fuente de vitamina C, inclusive mayor que las naranjas; felizmente no son tan endulcorados como este cítrico. Es recomendable tenerlos a la mano para mantener tus niveles de vitamina C cuando desees mantenerte sano.

Cítricos. Vitamina C. Consume toronjas, naranjas, mandarinas. Todas te proporcionan una dosis sana de vitamina C.

Ajo. Contiene selenio que presenta un potencial efecto sobre el sistema inmune. Y por cuanto el ajo le agrega un escelente sabor a cualquier plato, no existe razón para consumirlo en mayor cantidad.

Sopa de pollo. No se debe subestimar los poderes restauradores de la sopa de pollo. Existen estudios científicos que avalan el poder de ese viejo remedio casero. Si comienzas a sentir mal, hazte un poco de sopa y pronto recobrarás energía. Si no dispones de tiempo para prepararla, cómprala en un restaurant.

Brócoli. Este vegetal se ncuentra colmado de vitaminas A y C, y posee un antioxidante conocido como glutatión. Por ello las madres dicen que hay que consumirlo.

Almendras. Las nueces poseen mucha vitamina E, que es un antioxidante muy potente que contribuye a combatir las infecciones. Comer un poco de almendras también funciona pero ¿cuál es el chiste? Mejor es cocinarlas.

Cúrcuma. Esta especie quizás no sea el súper alimento que se espera, pero existen relatos que comprueban lo eficiente que es para combatir el resfriado. Y si además se le agrega lo bien que que se degusta con el latte, es más que suficiente. No solamente se puede comer con latte, igualmente se puede utilizar con muchas recetas.

Espinacas. No por gusto consideran a esta hoja verde “superfood”. Posee mucho hierro, ácido fólico, fibra, antioxidantes y vitamina C. Cocina y consume todas las espinacas que desees.

Yogurt. Los probióticos son los mejores aliados para mantenerse sanos. Se hallan naturalmente en el yogurt, no solamente es adecuado para el desayuno o la merienda, también pueden contribuir a combatir resfriados.

Vitaminas para el sistema Inmunológico

Vitamina A. Es extremadamente esencial para fortalecer el sistema inmunitario. La podemos hallar en vegetales como espinacas, brócoli, zanahoria y col. Asimismo, en los lácteos como leche o mantequilla y, por supuesto, en frutas como melón, albaricoque o mango.

¿Qué hace la vitamina A? Participa en la formación de glóbulos blancos que se hallan en la sangre y colaboran con el cuerpo para luchar contra las infecciones. Esto es de suma importancia si estamos expuestos a cualquier virus, ya que nuestro organismo lo prevendrá o, en caso de contagio, lo desechará rápidamente.

Vitamina B. Es la segunda de las vitaminas que refuerzan el sistema inmunitario. Se puede ubicar en frutas como el aguacate (palta), en lácteos como yogur o leche, en vegetales como espárragos y en carnes y pescados. La importancia que posee la vitamina B es que la ausencia en una de su grupo, por ejemplo la B12 o la B9, ocasiona una reducción de los anticuerpos. Eso nos dejaría expuestos a una cantidad considerable de infecciones y reduciría las posibilidades de sobreponernos con rapidez a ellas.

Vitamina C. Es una de las vitaminas que tenemos más presente, por cuanto forma parte con frecuencia de la publicidad que presentan los zumos de naranja en los supermercados y tiendas.

La podemos conseguir también en frutas y vegetales, entre los que podemos mencionar:

  • El limón
  • El kiwi
  • Las fresas
  • La grosella negra
  • La guayaba
  • El perejil
  • El pimiento rojo

Vitamina D. Es imprescindible para la inmunidad, por ello la mayoría de las células poseen receptor para la vitamina D, y entre todas las funciones extraesqueléticas que posee se encuentra su papel de cancelar la inmunidad adaptativa y promocionar la inmunidad innata.

¿Qué hace la vitamina C? La misión de esta vitamina es incrementar la generación de interferon, lo cual es una proteína que contribuye a proteger las células del cuerpo de alguna infección viral que las haya afectado. Por ello esta vitamina es vital para prever y tener un sistema inmunitario fortalecido.

Vitamina E. Esta quinta y última de las vitaminas para fortalecer el sistema inmunitario la puedes localizar en los frutos secos como nueces, almendras o maní. Además, se encuentra en las semillas de girasol, espinacas y brócoli. Si usamos aceites para cocinar o para ensaladas, los de girasol, germen de trigo o soja son los más recomendables.

La vitamina E contribuye con el sistema inmunitario gracias a sus cualidades antioxidantes. Una deficiencia de esta vitamina produce que nuestro sistema inmunitario se encuentre expuesto a virus e infecciones y que sea más posible que nos contaminemos.

El sistema Inmunológico y las vacunas

El sistema Inmunológico, aparte de enfrentar invasores, posee la función de limpiar el organismo removiendo células muertas, remozando estructuras y reaccionando contra mitosis irregulares que originan cáncer, por ejemplo.

El sistema Inmunológico es fortiticado por vitaminas, minerales y ácido fólico, que son principalmente encontrados en alimentos. Aparte de las vitaminas A,B,C,D, y E, se destacan:

  • Ácido Fólico: Contribuyen a la formación de leucocitos en la médula ósea
  • Zinc: Recupera los tejidos y conserva la cantidad de linfocitos
  • Selenio: Anula los radicales libres, dilata el envejecimiento y combate al proceso cancerígeno.

Vacunas

La vacuna es una materia tóxica sintetizada desde agentes patógenos como virus y bacterias que operan como antígenos en el organismo. Al entrar al organismo, la vacuna fomenta la generación de anticuerpos específicos para que éste se inmunice contra el cuerpo extraño.

Cuando el cuerpo percibe una determinada vacuna por primera vez, la reacción del sistema inmune es más retardada y con escasa cantidad de anticuerpos; ya en la segunda dosis la manifestación del sistema inmunológico es más rápida y con generación de más cantidad. Como la vacuna tiene agentes patógenos atenuados/desactivados/muertos, el organismo no emplea toda la cantidad de anticuerpos generados, consiguiendo que estos se mantengan en el organismo para que esté blindado en casos de una contra acción de esos agentes.

Esta forma de vacunación es la denominada “activa” y es parcialmente duradera, ya que el antígeno se conserva registrado en el sistema inmune que se permanece listo para una probable invasión. Sus efectos colaterales son diversos de acuerdo con la sustancia insertada en el organismo.

Hay igualmente la inmunización pasiva que es la penetración de anticuerpos listos en el cuerpo para luchar de manera expedita los antígenos existentes. Es empleada cuando no se puede aguardar por la elaboración natural de anticuerpos en el organismo. También se le llama “suero”. Es un tipo de inmunización apresurada y pasajera, pues debido al hecho de que el organismo no ha laborado para elaborar sus anticuerpos, no acumula su pasaje por el organismo.

Aparte de patologías infecciosas, las vacunas igualmente resguardan el organismo de otras numerosas enfermedades. Entre

Sistema inmunológico

las vacunas se destacan:

  • BCG: Para tipos graves de Tuberculosis
  • Hepatitis B
  • Poliomielitis: contra poliomielitis o parálisis infantil
  • Triple Bacteriana: Contra Difteria, Tos ferina y Tétanos
  • Meningitis: Contra la Meningitis y otras provocadas por el Haemophilus influenzae tipo b
  • Sarampión
  • Neumococo
  • Fiebre Amarilla
  • Triple Viral: Contra Sarampión, Rubeola, Rubeola congénita y paperas
  • Gripe: contra cepas más conocidas, y frente a nuevas epidemias se desarrollan otras
  • Hepatitis A
  • Varicela

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