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Receptores Sensoriales: definición, función, características, tipos y más.

Los receptores sensoriales, son los que nos dan la capacidad de degustar, oír, percibir, oler y todas las sensaciones que podemos tener al entrar en contacto con el mundo exterior, son necesarios para una buena calidad de vida, en este artículo te mostramos todo acerca de los mismos.

Definición.

Los receptores sensoriales son las raíces de los nervios que se especializan en brindarnos sensaciones, estos se localizan en distintas partes como la lengua, la piel, la nariz, los ojos, el oído entre otros, también los encontramos en nuestro organismo interno, los cuales nos capacitan para obtener estímulos tanto internos como externos, y a la vez nos causan un efecto nervioso y sensorial, es decir de sensaciones. (Ver artículo: Microglía)

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Estos actúan de manera directa en nuestro sistema nervioso central y se manifiesta en diferentes áreas dentro de nuestro cerebro, los mismos emiten un mensaje y nos causan una reacción favorable ante cualquier situación.

Por ejemplo, cuando comemos, cada comida suele tener un sabor diferente, pues nuestros receptores que actúan en ese momento son las pupilas gustativas que nos proveen el sabor adecuado. Nuestro cerebro dará una reacción a dicho sabor, y ubicándolo a nuestro gusto especifico, es decir, a algunas personas no les gusta el hígado y a otras si, esto lo indica nuestro cerebro, debido a experiencias anteriores con este alimento.

Funciones.

Las funciones de los receptores sensoriales son muchísimos, gracias a estos podemos entender, comprender y adaptarnos al mundo en general, son los primordiales captadores de la información que nos rodea, de lo que podemos ver, tocar, oír y cualquier otra tarea que realicemos como seres vivos.

El cuerpo humano es un cúmulo de sensaciones y sentimientos que pueden ser percibidos gracias a estos, es decir todo lo que conocemos llega a nuestro almacén de información el cual es el cerebro y coloca cada argumento en una zona mental. (Ver artículo: El olfato)

Las funciones generales son el de hacernos sentir y percibir, englobando a todos los receptores, pero cada uno de ellos de manera cualitativa nos hace reaccionar de maneras distintas.

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Al levantarnos, al dormir, en nuestro día a día, los mismos están presentes para lograr ese equilibrio que percibimos, muchas veces nuestros sentidos no están en orden y esto causa un descontrol en nuestro sistema nervioso general. Por ello, cada uno de estos cuentan con un trabajo individual que al generalizarse, trabajan en conjunto para una buena armonía corporal.

Características.

Excitabilidad: Con esto nos referimos a como reaccionamos ante la circunstancia, es decir por medio de los receptores sensoriales se produce una acción y esta se dirige hasta nuestro sistema nervioso central, causando directamente una respuesta.

Especificidad: Se refiere a la posición de cada receptor y a su finalidad en específico, contamos con muchos receptores pero no todos proveen la misma información a nuestro sistema nervioso, cada órgano posee uno en especial, por ejemplo, jamás podremos oír con los ojos. Cada uno cumple con su función específica y se ubican en nuestro cerebro en el lugar en que van, un organismo perfectamente creado.

Adaptación: En este aspecto nos referimos más a las neuronas que nos dan la reacción, que al mismo receptor, ya que el receptor es el encargado de enviar la información, pero la parte que provee la reacción son las terminaciones nerviosas, muchas veces cuando nos enfrentamos a cualquier situación perceptiva por primera vez, nos causa una reacción mayor y acelerada ante ese impulso, pero luego de acuerdo a nuestra adaptabilidad la misma va reduciendo su reacción, ya que nos habitúa a esa sensación.

Es decir, cuando estamos encerrados en nuestra habitación y la misma posee un olor particular, a nosotros no nos causa ese impacto, pero a una persona que entre a este ambiente si le provee una reacción, al pasar de algunos minutos esta persona también se adapta al olor y no siente que este fuera de contexto, sino que lo adecua y ni cuenta se da que ya no existe tal aroma.

Codificación: Aquí hemos llegado a una parte importante de nuestras sensaciones, ya que la codificación nos ayuda a darle el sentido a nuestro estimulo, cuando las reacciones son fuertes y pueden ocasionar un desbalance en nuestra percepción, la misma se encarga de reducir o aumentar la sensación, por ejemplo, cuando nos golpeamos o sentimos un fuerte dolor, esta codificación nos indica el problema, y nos coloca en un sentimiento correspondiente, cuando nuestro nivel de dolor sobrepasa lo soportado humanamente, el cuerpo reacciona de manera elevada y podemos hasta desmayarnos del dolor, esto debido a la codificación.

Es como por ejemplo, cuando un ordenador se sobre calienta, él mismo se apaga, porque de manera contraria puede dañar todo su sistema, así es el cuerpo humano, pero mucho más perfecto.

Tipos de receptores sensoriales.

Existen varios tipos de receptores sensoriales distribuidos por todo el organismo tanto externamente como internamente, vamos a clasificarlos de la siguiente manera para la mejor compresión de los lectores:

De donde procede la estimulación.

Exteroceptores: Estos son los que se encargan de recopilar la información externa, es decir, con lo que convivimos día a día, estos los podemos localizar en diferentes áreas de nuestro cuerpo como la piel, a estos se les denomina receptores cutáneos, se localizan también en la vista, el gusto y el olfato.

Interoceptores: Estos nos avisan sobre factores internos en desequilibrio, algunos son nuestra temperatura corporal, los grados alterados en nuestra sangre, la presión de la misma, estos son factores internos ya que se ubican en nuestros órganos y en nuestros vasos sanguíneos.

Propioceptores: Estos como su nombre nos dice, son las alteraciones ubicadas de manera independiente en cada lugar, es decir las extremidades, la cabeza, el esqueleto, los tendones, son sensaciones más específicas, y que avisan directamente la sensación.

Desde la naturaleza del estímulo.

Mecanorreceptores: Estos atienden a los estímulos mecanizados, como lo son la presión y el ruido, los ubicamos en nuestra piel, en nuestro oído de manera interna, en nuestro sistema urinario, en nuestro sistema circulatorio, también en el sistema digestivo y respiratorio.

Fotorreceptores: Estos los conseguimos en la apreciación de la luz por medio de la vista, todo lo que podamos percibir a través de nuestros ojos, es dado gracias a los receptores sensoriales que se encuentran dentro de nuestros ojos, como por ejemplo la retina.

Quimiorreceptores: Estos atienden a los estímulos de carácter químico, como los olores en el ambiente, compuestos por sustancias que penetran en nuestros receptores sensoriales y nos da la identificación de cada olor, también los ubicamos en nuestra lengua.

Termorreceptores: Estos se encargan, de enviar información sobre la temperatura a la que se enfrenta el cuerpo humano, pero de manera extrasensorial, es decir, no como calentura por medio de un agente que hace descontrol dentro de nuestro organismo, sino por el clima al que se enfrenta el cuerpo humano, es la capacidad de sentir frio o calor. Estos se ubican en la piel.

Nociceptores: Los mismos son los que alertan el descontrol exterior, como por ejemplo, los cambios repentinos y elevados de contexto, por ejemplo del frio al calor, de algún movimiento acelerado que cause impacto en nuestro cuerpo, de esta adaptabilidad depende mucho nuestro equilibrio central.

Cerrando estos conceptos, podemos decir que de ellos depende nuestra supervivencia como seres humanos y nos dan la lógica y conocimiento de cada sensación, como por ejemplo, la sangre sabemos que es roja porque nuestros ojos la han visto, y esta información queda archivada en nuestro cerebro, sabemos que la nieve es fría porque la hemos sentido de ese modo, e igualmente archivamos estos sentidos en nuestro cerebro.

También por medio de las experiencias lógicas de los demás, nuestro cerebro asocia y guarda, es decir, podemos no haber sentido antes la nieve, pero según las anécdotas y la lógica humana, sabemos que es fría.

Internos.

Hacemos alusión a estos de manera que son los indicadores de sensaciones que provienen dentro de nuestro cuerpo, que pueden ser por emociones, por dolencias o por cualquier motivo interno, por ejemplo, todo lo que sentimos dentro de nuestro cuerpo, puede verse reflejado desde afuera, pero normalmente las sensaciones son individuales, cada persona percibe de diferentes maneras los sentidos internos. Por ejemplo, cuando nos duele el pie, pero no hay causa externa aparente, el dolor viene enfocado internamente.

Externos.

Aquí entramos en la materia a nivel exterior, como lo que comemos, observamos, tocamos, hablamos, sentimos a través de nuestra piel, que tienen resultados tanto internos como externos, pero la sensación proviene de los que nos rodea. Por ejemplo, cuando comemos un alimento y nos parece exquisito en sabor pero internamente nos produce una sensación de malestar, estamos teniendo dos experiencias vistas desde ambas partes.

Muchas personas les encanta la leche, pero les cae mal, su cerebro almacena este tipo de sensaciones y ya el cuerpo humano reconoce lo que no le cae bien, debemos tener en cuenta que todos estos factores se dan gracias a los receptores sensoriales.

También debemos mencionar que todas las sensaciones percibidas de manera externa nos causan la liberación de hormonas que definen nuestros gustos y emociones, todo influye de manera general en nuestra mente, otro ejemplo muy notorio y visto desde una experiencia propia, a mí me encantan los perros y jugar con ellos libera mi hormona de la felicidad, pero me causan una reacción interna alérgica y mi cerebro ya analiza que aunque me gusten, no podré jugar con ellos y si lo hago, mi cuerpo no reaccionará de la mejor manera.

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Receptores sensoriales de la piel.

Podemos encontrar varios de estos ubicados en nuestra piel, aquí les daremos una breve reseña sobre cada uno de ellos.

Los corpúsculos de Meissner: Estas son las terminaciones nerviosas ubicadas en la piel, las cuales son las que tienen a cargo la sensación que produce el tacto leve, cuenta con una elevada sensibilidad, los mismos son sumamente rápidos a la hora de enviar la información al sistema nervioso central.

Es decir, por ejemplo, cuando algo se nos adecua a la piel y ésta ya se deja de percibir como al principio, incluso como todas estas terminaciones tienen memoria podemos sentir que el artículo sigue ahí. Por ejemplo cuando usamos lentes, al principio lo sentimos, pero después olvidamos que los cargamos, y cuando nos los retiramos sentimos la misma sensación por algunos minutos luego.

Corpúsculos de Pacini: Estos reaccionan a la presión mecánica de las articulaciones, son minuciosos y los conseguimos a vista inaccesible del ojo humano, en nuestras manos, nuestros pies, nuestros órganos de reproducción, indican el movimiento que se realiza en el cuerpo humano.

Corpúsculos de Ruffini: Estos son los encargados de sentir y percibir el cambio de clima, o temperatura en algún sitio, hacen reaccionar al cuerpo de diferentes maneras, como sabemos todos los agentes internos que comprenden nuestra convivencia influyen directamente en nuestro organismo, la temperatura provoca reacciones diferentes en el cuerpo humano, cuando tenemos mucho calor, sudamos para sacar de nuestro cuerpo las toxinas que ya no están en vida, y cuando tenemos frío, esas se almacenan para proveernos del calor corporal natural.

Receptores de Merkel: Son los que se encargan de enviar la información sobre presiones sobre nuestra piel de manera brusca, cuando tenemos algún percance estos reacción para poner sobre aviso al sistema general y no causar un choque mental mayor, este es sumamente sensible, también son capaces de disminuir el sentido de la presión si esta se adecua y se hace constante.

Corpúsculos de Krause: Este según estudios es el indicador y el que nos hace reaccionar de manera interna al frío, es decir que nuestro cuerpo se adapte a las bajas temperaturas, antes habíamos mencionado el de Ruffini sobre los niveles de temperatura, pero ese se especializa en el alto nivel de la misma, mientras estos corpúsculos se ubica en le hipodermis para controlar las sensaciones del frío intenso.

Receptores sensoriales del oído.

Nuestros oídos son nuestros receptores sensoriales de la audición, de lo que escuchamos y por lógica comprendemos y entendemos, los mismos cuentan con una receptividad de excelencia que se especializa en tomar las ondas sonoras externas, que en ocasiones son ruidos que ya conocemos y que nuestra mente toma en archivo, como también nos sirven para comunicarnos por medio de un lenguaje habitual, que nos permite interactuar con la sociedad, en este acto se emplean dos factores fundamentales, el hablar y el oír. (Ver artículo: La audición)

Los receptores auditivos se ubican en la cóclea que poseemos dentro del oído, ese caracol que se nos forma dentro del mismo, se encargan de captar toda la información u ondas sonoras, de ahí se trasladan en forma de impulsos nerviosos, que van hasta nuestro cerebro por medio del nervio auditivo, y en este se ubican por categoría en los sonidos, que luego de interpretan individualmente.

Aquí les mostramos las partes de nuestro oído, y cuáles son las funciones de cada factor que podemos encontrar dentro del mismo.

Oído externo: Se ubica desde la oreja, pasa por el conducto auditivo y llega hasta la membrana o tímpano, en él nos encontramos con pelos que nos protegen, al igual que la producción de cera que el mismo, realiza naturalmente por medio de glándulas, esto para evitar la contaminación.

Acerca de esto hay un mito muy sonado que habla sobre la cera, y que según debemos mantener el oído limpio, bien es cierto que no podemos esperar que la cera brote del oído y que sea notable, pero debemos tener siempre cantidad de esta, ya que la misma protege.

Oído medio: El mismo es un hueso que se ubica temporalmente, él mismo crea una comunicación con la cavidad nasofaríngea, esto por medio de la trompa de Eustaquio. Ésta suele estar casi siempre cerrada, habitualmente cuando no proveemos gesticulación, cuando lo hacemos ella se abre. Dentro de nuestro oído interno encontramos algunos huesos pequeños, como lo son el martillo, el yunque y el estribo.

El estribo consigue apoyo en la ventana oval, esta va en conjunto con la ventana redonda y se ubican en la parte principal del oído interno, es decir estas son las entradas del oído interno. (Ver artículo: Sistema Sensorial)

Oído interno: Esta parte de nuestro oído posee dos factores, que se ubican uno dentro del otro, estos son el laberinto óseo, el cual son los conductos que se ubican en el hueso en la parte de adentro, interiormente en él, conseguimos un líquido llamado perilinfa. Luego tenemos al laberinto membranoso, a este lo rodea el líquido antes mencionado y dentro del mismo está la enfolinfa, este se constituye en forma de laberinto óseo y también tiene la división entre aparato vestibular y caracol.

El aparato vestibular es el principal factor que tiene la responsabilidad de mantenernos equilibrados, se forma por el utrículo, el sáculo y los canales semilunares.

¿Cómo funciona la audición?

Este órgano trabaja al momento que escuchamos algún sonido, estos provienen de las ondas sonoras, el tímpano emite un vibrato que pasa por los huesos antes nombrados, el yunque, el estribo y el martillo, y mediante el movimientos de ellos, ese sonido traspasa hasta la membrana que está en la ventana oval.

Dichas ondas que han realizado su camino llegan hasta el líquido dentro del caracol, este pasa a la endolinfa y la vibración llega a las células, estas realizan la transformación del sonido en impulsos eléctricos, y el nervio de la audición lleva hasta nuestro cerebro, ahí se produce la información del sonido y la asociación y archivo del mismo.

Receptores sensoriales visuales.

La vista es uno de los órganos más importantes con el que contamos los seres humanos, estos nos permiten ver el mundo desde un punto de vista individual, por medio de la vista podemos conocer y asumir todo lo que nos rodea, pero debemos tener en cuenta que la vista solo es un medio ya que el que nos permite el análisis de lo que vemos, de la manera en que lo comprendemos en nuestro cerebro, tan fascinante que trabaja desde todos los aspectos de nuestro cuerpo. (Ver artículo: La vista)

El trabajo que realizan nuestros receptores visuales es el de tomar la luz, las imágenes que están en nuestro alrededor, esto a través de la retina, que se conforma de conos y bastones, por medio de estos se hace la proyección de una imagen invertida de lo que podemos observar, esta imagen se convierte en impulsos nerviosos que hacen un rápido viaje hasta nuestro cerebro, mediante nuestro nervio óptico, cuando nuestro cerebro la recibe, este la analiza, comprende y organiza para que podamos comprender lo que estamos observando.

Este sistema visual es como una cámara fotográfica, pero sumamente rápida, avanzada e inteligente, ya que somos un ser perfecto. Imaginemos que tenemos nuestra cámara y tomamos muchas fotos de todo lo que observamos, y luego la llevamos para que nos revelen nuestras fotos y nos las den en físico, bueno, así es el trabajo de nuestros receptores visuales, que la envían a nuestro cerebro, pero esto es de manera inmediata.

Como ya sabemos, el órgano de la visión solo traduce las vibraciones electromagnéticas de la luz en impulsos nerviosos que van al cerebro, es el canal, el instrumento utilizado por el cerebro para lograr el hecho, pero en realidad el que da interpretación a todo lo que vemos, es nuestro amado e inteligente cerebro.

Vamos a mencionar también como trabajan nuestros receptores visuales a la hora de la oscuridad, es decir, la visión nocturna. Este modo nocturno requiere de la sensibilización de las células que conseguimos a manera de bastones, este consta de un pigmento que se le denomina la púrpura visual.

Este pigmento se produce mediante alimentos que contengan vitamina A, o incluso tomarla directamente, el omega 3, factor que tiene el pescado, ayuda a esta vitamina. Volviendo al pigmento, la falta del mismo, debido a deficiente vitamina A en nuestro organismo, produce ceguera nocturna. (Ver artículo: Sistema Nervioso Entérico)

Este pigmento se blanquea por la luz y los bastones deben constituirla nuevamente cuando nos encontramos en penumbra, por ello muchas veces no les ha ocurrido, que llegan de un área con mucha luz a una habitación oscura y deben esperar algunos segundos para adaptarse a dicha oscuridad, esto pasa por que el pigmento se comienza a formar para proveer la visión en la oscuridad hasta adecuarnos a ella, por ello debemos contar con una buena alimentación para fortalecer las células de la visión, ya que son ellas las que nos permiten llevar un adecuado estilo de vida y comprender el mundo que nos rodea y su fascinante forma.

Receptores sensoriales del gusto.

Nuestra lengua es la encargada de proporcionarnos un sabor a cada alimento, dependiendo de sus componentes químicos o naturales, estos nos das la capacidad de organizar la alimentación, los sabores y dar un archivo a cada nuevo alimento que consumimos. Cuando comemos, probamos o saboreamos algún alimento, este entra en contacto con nuestra boca en general, y dicha información se emite al cerebro para que la misma pueda ser decodificada.

Lo que produce que podamos realizar este acto, es que dentro de nuestra lengua hay receptores sensoriales, al igual que botones y pupilas gustativas, estas poseen la formación de un bulbo, que cuenta con un hueco en la parte de arriba que se le renombra poro gustativo, dentro de estos se ubican las células del gusto, encargadas de enviar la información de los sabores. (Ver artículo: Papilas Gustativas)

La comida contiene elementos químicos que son disolventes en la comida, y mediante el poro antes mencionado, se unen a las células del gusto, en la zona externa de dichas células encontramos receptores que trabajan en una área determinada, para proveer datos específicos en las reacciones químicas que producen los alimentos.

Debido a este contacto, se envían señales químicas por medio de las células del gusto, las mismas producen efectos eléctricos que son enviados a través de los nervios al cerebro, este asocia y asume el sabor de cada alimento, la guarda y lo constituye en la memoria para ya saber a qué se atienen, muchas veces las reacciones mentales influyen en el gusto de la comida, lo que para unos es agradable para otros no, pero esto viene asociado a experiencias traumáticas con alimentos predeterminados.

Como consecuencia de esta interacción, se generan cambios eléctricos en las células del gusto. En resumen, emiten señales químicas que se traducen en impulsos eléctricos que se envían al cerebro.

En nuestra lengua se ubican las pupilas gustativas de cada tipo de alimento, es decir, de sabores como el dulce, el ácido, el salado, el amargo entre otros de la mucha variedad alimenticia con la cual contamos en el mundo, cada uno de estos se compone de factores para definir estos sabores y enviar una información al cerebro y hacerlo reaccionar antes dicho sabor. Es fascinante ver y comprender como trabaja nuestro cuerpo humano y la perfección con la que fuimos creados. (Ver artículo: El gusto)

Para darle fin a nuestro artículo, es importante hacer mención del cuidado de todos estos receptores, aportándole las vitaminas necesarias para que los mismos trabajen en armonía, somos una maquina perfectamente creada, la cual debemos cuidar y mantener saludable para seguir disfrutando de todas las sensaciones que nos brinda el planeta tierra.

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